Para que tu piel este bonita y sana, es imprescindible cuidarla adecuadamente.
ejemplo el estrés, el tabaco, una alimentación inadecuada, la polución, etc...

Estos efectos aceleran inevitablemente el envejecimiento de la piel. Para poder
cuidarla adecuadamente es fundamental conocer tu tipo de piel. Cada persona
tiene un tipo de piel diferente y cada una de ellas precisa un tratamiento
diferente para poder cuidarlas.

Existen cinco tipos de piel: normal, grasa, seca, mixta y sensible. Cada una de
ellas puede sufrir en mayor o menor medida alguno de los problemas más
habituales en la piel. Estos son los tipos de piel:

Pieles Normales

Este es el tipo de piel que todas desearíamos tener, ya que sin duda es la piel
perfecta. Se trata de una piel tersa, suave, con brillo natural y además se
mantiene perfectamente hidratada. Esto no quiere decir que no precise de
nuestra atención, ya que necesita unos cuidados básicos: limpieza, tonificación,
crema de día y crema nutritiva por la noche.

Pieles Secas

La piel seca se detecta por la falta de brillo, poros finos y tiende a descamarse, a
veces acompañándose de un exceso de sensibilidad lo que puede llegar a
producir el enrojecimiento de la misma.

En este tipo de piel es más probable que aparezcan arrugas prematuras puesto
que no produce grasa suficiente. La piel mal hidratada tiende a irritarse con
facilidad, puesto que es más vulnerable.

Para equilibrar la piel seca podemos utilizar cremas hidratantes, que actúan
como una barrera protectora contra las agresiones de los agentes externos, le
devolverán su elasticidad y evitaran la sensación de picor y tirantez tan
desagradable que se produce en las pieles mal hidratadas. También sirven para
nutrirla y activar las defensas naturales de la piel.

Hemos de tener en cuenta un factor muy importante, nuestra hidratación
interna. Beber mucho agua nos ayudara a mantener una piel en buenas
condiciones.

También resulta muy recomendable realizar periódicamente una exfoliación, ya
que la acumulación de células muertas en la superficie de la piel, impide una
buena oxigenación e influye negativamente en la hidratación de nuestra piel.

Pieles grasas

La piel grasa se caracteriza por tener un tono brillante y normalmente va
acompañada de poros dilatados. En este tipo de piel suelen aparecer espinillas
y comedones si la producción de grasa es excesiva y los cuidados son escasos
o inadecuados. Muchas mujeres piensan que las pieles grasas no precisan de
cuidados pero esta piel puede carecer de agua aunque produzca un exceso de
lípidos. Por lo tanto necesitan un tratamiento que les proteja pero que a la vez
les hidrate la piel, como los tratamientos sebo-reguladores.

A diario es muy importante realizar una correcta limpieza de la piel para eliminar
restos de maquillaje, contaminación y exceso de células muertas que pueden
producirnos el tan odiado acné.

Las impurezas que aparecen son muchas veces una respuesta reflejo de un
desequilibrio interno como pueden ser problemas dermatológicos, hormonales
o alteraciones en el metabolismo.

Una buena alimentación también es muy importante, porque influye de forma
considerable en nuestra piel. Para ayudar a combatir el molesto acné se
recomienda una alimentación rica en verduras, cereales integrales, frutas y
legumbres, evitando los fritos y las grasas saturadas. Por otro lado hemos de
cuidar mucho la higiene para poder evitar en la medida de lo posible el contacto
con gérmenes.

Las pieles con acné mejoran con el efecto beneficioso del sol, pero no debemos
engañarnos y hemos de tener en cuenta proteger nuestra piel grasa del sol.

Pieles mixtas

La piel mixta combina distintos tipos de piel según la zona de la cara.
Generalmente suele tener la zona T (frente, nariz y barbilla) grasa, y el resto
puede ser seca.

En el mercado existen productos específicos para este tipo de piel, no obstante
es aconsejable tratar las distintas zonas por separado. Si las tratas por separado
vas a obtener mejores resultados aunque ello te lleve invertir más tiempo en
ello. Muchas veces los productos específicos para pieles mixtas pueden
resultar incompatibles con las zonas de tu cara más secas, que pueden sufrir
hipersensibilidad cutánea.

Pieles sensibles

Muchas personas tienen la piel sensible y en muchos casos no la tratan
adecuadamente. Las pieles sensibles se detectan porque presentan rojeces
debido a la dilatación anormal en los vasos capilares sanguíneos, lo que
normalmente se traduce en incómodos picores, tirantez y descamación.

La piel sensible es muy frágil y vulnerable, los factores externos la atacan más
que al resto de pieles y si no la cuidamos adecuadamente suele envejecer de
forma prematura. Por otro lado hemos de tener en cuenta que se trata se una
piel fina, transparente y muy bella.

Las pieles claras corren más riesgo de padecer rojeces que las pieles morenas.
Esto se produce en todo tipo de pieles y en ambos sexos. Pero las que más
enrojecen son las secas. Las pieles grasas también pueden sufrir irritaciones y
enrojecimientos puesto que utilizan productos cosméticos para combatir el
exceso de sebo los cuales eliminan poco a poco la capa protectora de la piel.

Para saber que tipo de piel tienes, puedes hacer tu misma una prueba en casa.
Consiste en limpiar tu rostro perfectamente y dejar transcurrir unos 15 minutos.
A continuación, aplicar sobre las diferentes partes del rostro pequeños trozos
de papel secante.

Si la piel es seca, el papel quedará limpio, ya que las posibles manchas de agua
se habrán evaporado rápidamente, en cambio si la piel es grasa, las glándulas
sebáceas son hiperactivas, por lo que obtendrás como resultado un papel con
manchas aceitosas.

Has de tener en cuenta, que si tu piel es mixta, habrá zonas en las que obtengas
las manchas aceitosas (zona T), y otras en las que el papel quedará limpio.

Ahora solo te queda seguir nuestras recomendaciones para lucir una piel
radiante.


Fuente:
www.guapaonline.com
Cuidados básicos para tu piel
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